Así se llama el epígrafe de una de las partes que componen el capítulo 'Estratificación y estructura de clase' del libro Sociología de Anthony Giddens. Es un libro que os recomendaría, pero he leído muy poco (es bastante hermoso, echadle unas 800 páginas).
Pues eso, muy a mi pesar no me lo puedo leer seguido, pero me lo he propuesto como objetivo veraniego. Como veis soy muy cabezota con los libros (¿sólo con los libros?), y me empeño en leérmelos de principio a fin. Muy poco me tiene que gustar uno para que deje de leerlo o me vaya a una parte en concreto. Casi siempre, sin perder la esperanza, me digo a mí misma: con todo se aprende, sigue leyendo ya verás. Resulta que con algunos sólo se aprende que clase de libro no hay que publicar en la vida. Pero bueno, ya es algo.
Esto se está convirtiendo en una reflexión sobre la lectura, y quizás debería seguir la estela del título de la entrada, que supongo que es lo que los cinco seguidores de mi blog esperáis leer. Eso mismo es lo que me ha pasado a mí con el epígrafe de Giddens. Ojeando el glosario lo encontré y pensé: allá que voy.
Página 283, una sola carilla. La cosa promete.
Empiezo a leer y en el texto no hay atisbo alguno de la respuesta que yo esperaba. Por ahí no veo la 'O' mayúscula de Occidente, ni una sola vez. Al parecer quería oír eso.
Sigo leyendo decepcionada. Encuestas, tasas de paro, impuestos...y en el párrafo final leo: [...] y por un momento la condición de los pobres agita la conciencia de los más favorecidos, pero entonces la preocupación del público se desvanece con rapidez.
Todo esto me recuerda a algo... Hace aproximadamente unos seis años, envíe diez euros a Jesuitas en Misión. Al mes siguiente envíe cinco, ya iba bajando la cosa. Hasta que dejé de mandar. Desde ahí no paran de llegarme cartas con calendarios y folletos. Digo yo que podrían ahorrar en papel y colaborar más en su causa, les agradezco la atención, pero por mí que no se preocupen, que podré dormir tranquila. Bueno, la cosa es que eso que hice no fue comprometerme con ninguna causa, más bien fue buscar sentirme buena persona. No niego que en el fondo hubiera compasión y buena intención, pero no es comprometerse. El fragmento de Giddens lo explica a la perfección.
PD: Os lo recomiendo.
Vaya... Por el título esperaba otra cosa. Pero aún así me ha gustado. Sigue así, que la cosa promete. ;) Por cierto, me apunto el libro a la interminable lista de libros recomendados.
ResponderEliminarUn beso.
Sí,como ya digo es lo mismo que me pasó con Giddens, y preferí darle este enfoque. Gracias Rubén, me paso a leer tu blog:)
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarYa creo que hablé de este mismo tema contigo una vez. Los pobres siguen siendo pobres porque a los ricos les interesa que sea así. Muchos de los países pobres estás sobre los suelos más ricos, y que tomaran las riendas del mismo sería muy peligroso para la economía de los países primer mundistas. Además siempre son aprovechados por las multinacionales para explotarlos poniendo allí sus fábricas y demás, abaratar los precios de producción (sin bajar el precio final). Estas multinacionales suelen estar ligadas a los poderes fácticos de los grandes países. Por ello no se les deja avanzar.
ResponderEliminarUn saludo marinita!
PD: borré el anterior comentario por un fallo en la redacción XD
Porque los ricos siguen siendo ricos...o poderosos mejor dicho
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